Diario de aventuras I: El Valle de los Muertos
Tres aventureros |
¡ATENCIÓN, SPOILERS! ESTE RELATO CONTIENE INFORMACIÓN SOBRE EL MUNDO DE FORBIDDEN LANDS QUE NO APARECE EN EL MANUAL DEL JUGADOR.
Tras salir de la cueva donde nos refugiábamos de la tormenta, fuimos a un pueblo donde Grunnir no fue bien recibido, aunque un Hermano de la Herrumbre que llegó en ese momento lo defendió. Entonces llegó también una Hermana Cuervo con una compañía de guerreros, que decían que iban a explorar unas ruinas. Dejamos que cada cual se fuera por su camino y abandonamos el lugar.
A la salida del pueblo nos encontramos con un cadáver. Por
un pergamino averiguamos que era el Hermano de la Herrumbre Largas, un enfermo
paranoico que veía demonios. Tomamos su maza, su amuleto de Hermano
de la Herrumbre y unas monedas como botín. Brynjar y Grunnir fueron
contagiados por la maldición o enfermedad de Largas y empezaron a desarrollar
los síntomas
Tras toparnos con una compañía ambulante, que Grunnir
dedujo que era de no muertos, nos encontramos con un grupo de guerreros
comandados por el Capitán Holmar de la Guardia de Hierro. Este nos
ofreció ayudarnos si colaborábamos a capturar a los no muertos, que la Guardia
de Hierro esclaviza. Desesperados, aceptamos y distrajimos a la compañía
ambulante con la labia de Brynjar, mientras los guerreros los emboscaban. En
recompensa, Holmar nos dio unas dosis de Antídoto de Veneno Antidemoniaco,
de las que nos sobraron dos, y nos curamos.
Tras acampar, Doyne se fue a cazar y mientras Grunnir oyó
una misteriosa canción que salía entre unos matorrales [INSERTAR]. Al acercarse
sigilosamente, se encontró con un zorro. Sorprendido, le preguntó si era él
quien cantaba. Como no decía nada, Grunnir lo atrapó y le hizo hablar. Dijo
llamarse Grelf, y ser un demonio, aunque resultaba ser bastante desconcertante.
Ante la insistencia de Grunnir, Grelf les dijo que sabía dónde había un tesoro
y se unió al grupo.
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| Grelf |
Siguiendo el camino indicado por Grelf, entramos en unas
colinas. Escuchamos un extraño sonido y encontramos una misteriosa casa de
cristal que parecía producirlo. Allí nos encontramos con Varanak, que
Grunnir dedujo que era una enana. Tenía unas visiones en las que decía que, con
la casa de cristal que estaba construyendo, podía acabar con la Niebla de Sangre,
aunque le insistimos en que esta ya no existía. De todos modos, nos dio una aspiradora
de niebla para que le trajéramos un poco de la misma, si la encontrábamos.
Más adelante llegamos a un viejo torreón, donde un centinela
orco dormitaba. Brynjar dio cuenta de él a sangre fría y vimos que el puesto
vigilaba el acceso a un valle donde había un campamento de orcos y la
entrada a un templo que Grelf aseguraba, sospechosamente, que era donde se
encontraba el tesoro. Iniciamos sigilosamente el descenso al valle, pero fuimos
descubiertos y atacados por una patrulla de orcos a los que derrotamos sobre
todo con la puntería de Doyne. Exploramos una cueva cercana donde destilaban licor
y había un extraño cuerno como parte del alambique. Intentamos dormir
allí, pero llegaron dos orcos a los que derrotamos entre Brynjar y Grunnir.
Interrogamos a uno que dijo que el templo estaba habitado por sacerdotes “pellejudos”,
seres semihumanos de los que se cuentan extrañas historias. Aunque el orco se
ofreció a colaborar, Brynjar lo mató y decidimos seguir adelante.
Llegamos sigilosamente hasta la entrada del templo excavado en la roca, esquivando el campamento orco. Entramos y al poco tiempo encontramos una grieta. En vez de seguir adelante (por donde venía un extraño olor como a productos de embalsamar), Doyne y Brynjar decidieron explorar la grieta, descubriendo que llegaba a lo que probablemente era el legendario Valle de los Muertos, donde los fantasmas caminan sobre la tierra.
“Las historias cuentan cómo Zygofer el profanador
visitó el Valle de los Muertos más allá del Templo del Silencio durante las
Guerras Alder. La esposa del hechicero, Martea, le enseño a hablar con
los difuntos, pero cuando descubrió que Zygofer, en vez de adquirir sabiduría, abusaba
de su arte haciendo que los cadáveres lo sirvieran, ella huyó con sus dos
hijos. Zygofer siguió con sus trabajos en el valle hasta que el Guardián de
los Muertos lo expulsó. Furioso, el hechicero echó a los sacerdotes del Templo
del Silencio, pero antes de marcharse, se dice que los piadosos hombres
inundaron sus estancias para mantenerlo a salvo.”
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| El Valle de los Muertos |
Tras convencer a duras penas a Grunnir de que entrara por la
grieta, a pesar de estar este aterrorizado por los lugares estrechos, el grupo
pasó una gélida noche en el lado del valle. Este era como un gran cementerio,
con lápidas y mausoleos muy dispersos, excepto cerca de una mansión en un
extremo, donde había un auténtico cementero.
Emprendimos
el camino a la mansión, durante el cual Doyne sufrió el ataque de una fantasma
enfadada, que resultó inofensivo, salvo por resultar aterrador. Ya en la
mansión nos encontramos a un hombre
monstruosamente obeso y siempre hambriento que nos pidió que lo matáramos para
dejar de sufrir. Por unas pinturas, dedujimos que debía ser el cocinero de
Zygofer y Martea. Llegó un cíclope llamado Scrome, que llamó y dio de
comer al cocinero. Por ello supimos que el hombre se llamaba Harama. El
cocinero confirmó la historia que sospechamos, y que Scrum era el Guardián de
los Muertos que expulsó a Zygofer. ¡Todo esto hace cientos de años! Intentamos
sonsacarle más, pero finalmente accedimos a sus deseos y él nos recompensó con el
Huevo de Harama, que permite hacer una sopa o estofado que hace que quien
lo cocine resulte más simpático a quien tome dicha comida. Quisimos buscar la
guarida de Scrum para encontrar tesoros, pero los fantasmas estaban inquietos.
mientras Scrome, que aún no nos había visto, llamaba a voces a un tal Morné.
Entonces decidimos ir primero al templo a través de la grieta, que estaba más
cerca, donde encontramos a dos muertos, Kalmax y Galdanes, que no
sabían que lo estaban y llevaban con ellos a otro muerto, el mediano Morné,
para negociar su huida del valle con Scrome. Como no atendían a razones, los
atacamos, pero al recibir Kalmax una pedrada de Doyne, se retiraron muy confundidos.
Morné quería jugar con nosotros y lo usamos para atraer a Scrome, quien se
mostro agradecido y amable, diciendo que los muertos estaban inquietos y él había
perdido el Cuerno de los Muertos, que los tranquilizaba. Caímos en la
cuenta de que debía ser el cuerno de la destilería y nos ofrecimos a traérselo
a cambio de una recompensa, Nos dio un Gran Escudo Dorado (2d6 oro) y Doyne
y Brynjar fueron a buscar el cuerno, mientras Grunnir, negándose a volver a
pasar por la grieta, se ofreció a montar mientras tanto un campamento más
confortable. Doyne y Brynjar se encontraron por el camino con un grupo de “pellejudos”,
seres pequeños con mandíbulas de hormiga. Doyne mató a uno de un flechazo y los
demás se dispersaron. Recogieron el cuerno de la destilería y se lo trajeron de
vuelta junto con el cuerpo del pellejudo (los druidas dicen que su carne es muy
dulce…). Al llegar al valle, Brynjar sopló el cuerno. Los muertos se calmaron y
Scrome volvió para llevarse el cuerno, agradeciéndonoslo con un Amuleto
Dorado (5d6 plata), 6 monedas de oro y 12 de plata (estas últimas para
Grelf).



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