Diario de aventuras II: Visaja
¡ATENCIÓN, SPOILERS! ESTE RELATO CONTIENE INFORMACIÓN SOBRE EL MUNDO DE FORBIDDEN LANDS QUE NO APARECE EN EL MANUAL DEL JUGADOR.
Después de pasar una buena noche en el campamento, y bien
descansados, nos dirigimos a la entrada del templo, pero por el camino nos topamos
con un fantasma que nos pedía perentoriamente que lo devolviéramos a la vida.
Decía ser Visaja, el hechicero. Nos condujo hasta su tumba, en cuya
lápida se decía que había muerto protegiendo “de los de su clase” a una aldea.
Nos contó que hace muchos años, en las guerras Alder, los elfos querían
expulsar a los humanos, sin embargo, estos tenían el respaldo de las
habilidades místicas, junto a Zygofer (cuyo nombre se negaba a pronunciar). Pero
este quiso dominar a los hombres y los hechiceros lucharon contra él. Visaja
persiguió a Gurcal, uno de los seguidores de Zygofer, hasta las montañas,
pero uno de los hombres de Gurcal lo atacó por sorpresa y Gurcal mató con un
hechizo a Visaja, que se convirtió en fantasma. Los seguidores de Visaja enterraron
su cadáver en el Valle de los Muertos. Desenterramos los huesos de Visaja junto
con un medallón que debíamos usar para invocarlo al salir del valle, y algunos
anillos, y lo metimos todo en un saco. Intentamos salir por la puerta del
templo que da al valle, pero estaba bloqueada por unas grandes piedras que no
pudimos mover. Volvimos por la grieta por la que habíamos entrado, por la que
Grunnir aceptó pasar de nuevo a condición de no tener que volver a entrar en el
valle si tenía que ser por allí. El grupo decidió investigar el templo por
aquel lado, siguiendo un túnel. A la izquierda encontramos una habitación donde
había el cadáver empalado de un orco, en un poste incrustado de algún modo en
el suelo de mármol. También había un par de mesas de piedra, en una de las
cuales Grunnir encontró un libro manuscrito con un relato apenas legible:
“Más allá del Templo del Silencio entraron… cuevas a los subterráneos.
Esa especie de sacerdotes estaban tan furiosos… obstruido. Llegamos a un jardín
maravilloso, atendido por los muertos… con cuidado… probar estos frutos, porque
quien lo haga perderá… hacía música… tumbas sembraban el vallecillo… Hargard
manipuló el sarcófago con… el guar… de los subterráneos… preciso huir… Dorado
cargamento… abandonado…”
También había unos bajorrelieves de escenas de culto y enterramiento, con unas gemas de colores incrustadas de las que Doyne extrajo dos (2d6 plata c.u.). Seguimos adelante y bajamos unas escaleras hasta llegar a un cruce. Oímos ruidos adelante y a la derecha, así que fuimos a la izquierda, donde encontramos la salida del templo al valle, cegada por las rocas. Tomamos después el túnel de la derecha, pues, aunque oíamos ruidos que venían de él, eran menos fuertes que los del túnel que seguía de frente. Llegamos a una pared con un muro que, decidimos, estaba hecho con algún tipo de ladrillo de construcción. Por sus agujeros asomaban de vez en cuando cabezas de pellejudos que nos insultaban y nos gritaban que nos marchásemos. El lugar oía fuertemente a gallinero y a fruta podrida, y Grelf se puso en guardia. Inquietos, decidimos abandonar el lugar. Volvimos al bosque donde habíamos dejado los caballos, tras esquivar sigilosamente a una patrulla de orcos. Nadie había reemplazado al guardián de la torre de vigía, cuyo cadáver seguía allí. Al llegar junto a los caballos, invocamos a Visaja, quien nos dijo que teníamos que ir a una torre hacia el este, más allá del Bosque de Groveland. También dijo que debíamos volver a invocarlo tras cruzar el bosque y llegar a las montañas.
Nos dirigimos primero hacia el sur, pero cuando después
intentamos ir hacia el este, Grunnir pierde el rumbo y nos perdemos. Brynjar ve
lo que piensa que es un gigantesco capullo verde colgado de un árbol. Grunnir
decide acercarse y descubre que es una gran tela de la que cuelga una cesta,
así que, naturalmente, sospecha que es una trampa. Pero en la cesta hay un
enano que nos amenaza con una ballesta. Cuando le hacemos ver que somos amistosos,
nos pide ayuda para bajarlo y ayudarle a hacer volar el “globo”, ante la
incredulidad de Brynjar y Grunnir. Intentamos auxiliarle, pero no logramos llegar
hasta las ramas que debemos cortar. No ayuda el que el enano, que dice llamarse
Andret y está herido, se niegue a poner sus pies en “ese maldito suelo”.
Nos alejamos para acampar, prometiéndole que le ayudaremos por la mañana.
Al día siguiente Doyne (que estaba durmiendo la tarde
anterior) consigue cortar las ramas y bajarlo fácilmente. Además, desde la copa
del árbol ve un pueblo al sureste. El enano tiene en la cesta tres ballestas
cargadas, bolsas y un cofre grande. Grunnir le entablilla la pierna rota y le
ayudamos a arreglar el globo. Andret dice que él tiene la culpa de todo, porque
repudió al dios Huge después de que un túnel se hundiera sobre su familia y el no
pudiera hacer nada más que oír sus gritos. Desde entonces, rehúsa poner los
pies en la tierra y, desde hace varios meses viaja en ese globo (que al parecer
es uno de los artefactos que usan los enanos). En agradecimiento nos da una
jarra de plata de fabricación humana (2d6 plata) y le da a Doyne una de sus
ballestas a cambio de unas hierbas calmantes que este recoge en el campo. Por la
noche Brynjar prepara una cena con el Huevo de Hamar y, naturalmente, Andret se
muestra muy amistoso con nosotros. Nos dice que a veces ha visto bolsas de Niebla
de Sangre entre las montañas y los bosques.
A la mañana siguiente, con el globo reparado, Andret lo hincha con algún tipo de hornillo, se despide de nosotros y se va volando tras desplegar una especie de alas de la cesta. Reemprendemos el camino hacia el este y llegamos al pueblo que vio Doyne, donde nos preguntaron si habíamos visto un globo, a lo que respondimos que sí, pero de lejos. Nos dijeron entonces que habíamos tenido suerte, porque en el globo iban unos ladrones que se habían llevado varios enseres y vituallas del pueblo.



Comentarios
Publicar un comentario