Diario de Aventuras XIV: El rescate de Iridne

 

El ataque del ent

¡ATENCIÓN, SPOILERS! ESTE RELATO CONTIENE INFORMACIÓN SOBRE EL MUNDO DE FORBIDDEN LANDS QUE NO APARECE EN EL MANUAL DEL JUGADOR.


Abrimos la puerta de la biblioteca y oímos voces y pasos. Nos colgamos los amuletos de orco y Doyne se adelanta sigilosamente. Las versiones "orcas" de los personajes se parecen algo a ellos mismos. La biblioteca no está iluminada, pero el pasillo sí. En un lado de la biblioteca hay instrumentos científicos.
El pasillo de la biblioteca conduce al patio o sala sin techo donde estaba el trono. Salimos a esa estancia dejando a la izquierda la puerta de la cocina. El patio está algo iluminado por unas antorchas. Se oyen ronquidos. Hay orcos durmiendo en el suelo, y un par de guardias patrullando que no nos hacen mucho caso. Grunnir los distrae pidiéndoles ayuda para entrar en la cocina. Doyne y Brynjal intentan colarse por la puerta de los aposentos, pero Brynjar hace ruido y un guardia se dirige a ellos. Doyne simula estar vomitando y el guardia lo acompaña al exterior.

Doyne el miserable

Doyne engaña al guardia haciéndole creer que ha visto un centelleo rojo en la base del risco. De hecho, sí que ha visto un destello rojo y un movimiento en el bosque. Aprovecha la distracción para tirar al guardia por el precipicio. Entonces Doyne ve un árbol que camina, y el destello rojo está en su tronco.
Grunnir noquea al otro guardia con la parte de atrás de su hacha cuando este le vuelve la espalda. Nos reunimos y entramos por la puerta que hay detrás del trono. Esta da a un pasillo que conduce a unas escaleras que suben a la torre más alta. Estas terminan en un puente que comunica con otra torre, dando a una sala donde hay una escalera interior. Hay una luz arriba.
Doyne intenta subir sigilosamente, pero un orco le da el alto. Doyne trata de engañarlo y el orco sospecha cada vez más, pero deja escapar que la emperatriz está allí. Nos conduce al patio y Brynjar lo convence de que busque a los otros guardias, que han desaparecido.

El cambiazo del rubí

Ya solos, volvemos a la antecámara. Tras un cortinaje hay una sala ligeramente iluminada con un gran lecho y un baúl. También una ventana que da al otro lado de la torre. Hay alguien durmiendo en la cama, y sobre el baúl se veun brillo rojo: es el broche. Doyne entra sigilosamente, lo toma y lo saca para que Brynjar sustituya el rubí por la réplica exacta que nos dio Margolene. Brynjar lo hace y Doyne devuelve el broche cambiado a su sitio. Brynjar nota algo raro al cambiarlo, pero no sabe qué. Oímos pasos ruidosos y decidimos descolgarnos al patio por un lado de la escalera que no tiene pared.
Llegamos a una zona deshabitada del castillo y tenemos que volver hacia la parte habitada. Topamos con una pared y Doyne intenta usar la flauta Tezauro para atravesarla, pero fracasa. Grunnir trepa por el muro. Oye revuelo en el patio del trono: voces que dicen que hay intrusos. Ayuda a Doyne y Brynjar a subir. En ese momento, unos orcos, desde la parte de abajo, nos descubren. Salimos corriendo por un tejado. Doyne vuelve a usar la flauta Tezauro y esta vez conseguimos atravesar un muro y llegar al pasillo de la biblioteca. Hay mucho alboroto, pero no nos hacen caso. Brynjar, sin embargo, obedeciendo a una voz que desde hace rato le dice que camine hacia el este, se dirige en esa dirección, hasta un muro donde, súbitamente, un árbol abre un boquete.

¿Pasaremos esta vez?

Grunnir arrebata el broche a Brynjar y, comprendiendo que lo que oye es la voz de Iridne procedente del rubí, va hacia el árbol "para salvar a los orcos". El ent, que está peleando con los orcos, abraza a Grunnir y se retira bajando por el risco. Brynjar salta por el hueco del muro y el ent lo atrapa al vuelo. Los orcos disparan flechas desde arriba y los orcos desde abajo. Ya en el suelo, los elfos dicen que los sigamos. Doyne, separado de los demás, vuelve por la biblioteca. Por suerte la puerta secreta está abierta. Roba algunos instrumentos científicos y baja por el túnel, sin demasiados problemas.
Brynjar convence a los elfos de que nos dejen volver a nuestra casa por nuestras cosas. Todo el grupo se reúne allí y después regresamos al bosque para encontrarnos con los elfos. Iridne (el rubí) dice que no conoce a Margolene, pero sí a Lanierel. También dice que no nos fiemos de ella. Cuando llegan los elfos, Grunnir le entrega el rubí a uno de ellos, que conversa con Iridne. Dice que le esperemos. Iridne quiere reunirse con Klotinda. Grunnir y Brynjar comparten los fragmentos de la leyenda de la corona Stanengist que han visto en la conciencia de Iridne:

¡Entregadnos el rubí!

“Se dice que, tras completar su misión, los primeros seis elfos de las Tierras Prohibidas -los que plantaron los árboles, trazaron los cauces de los ríos y dieron hogar a los animales- hicieron reunir sus rubíes en la corona real, Stanengist, cuyo nombre significa «Las Piedras Colgadas». En la corona disfrutaban de su merecido descanso, pero, a la vez, vigilaban su creación y daban consejo a sus descendientes. Durante mucho tiempo, la corona fue llevada por los reyes de la tierra y les otorgó el poder para mantener el reino intacto, pero en algún momento poco antes de que los humanos llegaran a Corvania, el ladrón Merigall robó tres de las piedras de Stanengist y, desde entonces, la tierra ha estado dividida. Según la leyenda, quien vuelva a insertar las piedras en la corona y se la coloque sobre la cabeza obtendrá el poder de aunar a todas las razas y gobernar las Tierras Prohibidas. Se dice que el cantor de piedra Brander de Bynd recibió una visión del dios Gran en la que vio las piedras perdidas engastadas en el cetro de un rey, la joya de una reina y una espada capaz de matar gigantes.”
Los elfos vuelven y dicen que Iridne quiere que seamos nosotros quienes la llevemos a Margolene. Los elfos no parecen muy contentos y no responden a nuestras preguntas. Durante la noche, Iridne cuenta a Grunnir que después de llevarla a Margolene, que es su hija, debemos devolverla a los orcos, a los que se ha hecho mucho daño. Pero que cuando llegue el momento, se integrará en la corona Stanengist, que es la única forma de derrotar entre todos a Zygofer, la auténtica amenaza de las Tierras Prohibidas. Iridne ya ha hablado con Klotinda, comunicándole que esa es su voluntad.

Hablando con Iridne

A medio camino del pueblo, nos encontramos con Margolene, que había sentido que Iridne la llamaba. Margolene toma el rubí y conversa con Iridne. Al acabar, nos devuelve el rubí y dice que Iridne desea que la devolvamos a Soira, pues es necesario para que los orcos no se desvíen de su camino. Margolene nos agradece lo que hemos hecho y declara que nos debe un favor.



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